Presentación

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Creo recordar que corría el año 2004. Alejandro Viñuales nos había convocado a unos pocos mosqueros para una jornada de lanzado en las cercanías de Ribadeo. Sería un cursillo breve, en el que nos enseñaría unos conocimientos básicos sobre la mecánica del lanzado. Los asistentes ya teníamos una cierta experiencia pescando con mosca, y nos unía el interés por mejorar nuestro lanzado, pero no nos conocíamos entre nosotros. Yo era el único orensano y el que hacía el camino más largo para intentar aprender un poco más. Mientras conducía mi R5 a primera hora de la mañana rumbo a Ribadeo, no imaginaba hasta dónde llegaría para mí ese camino.
El plan era encontrar un prado donde poder practicar, y Alejandro ya tenía uno cuando llegamos. Pero no sólo nos esperaba Alejandro en Ribadeo; también nos esperaba un fortísimo temporal de viento y lluvia que, en terreno despejado, hacía imposible lanzar a más de diez metros.
Después de una hora peregrinando por el lugar en busca de un sitio mínimamente adecuado, acabamos refugiándonos nada menos que en una esquina de la playa de Las Catedrales. Sí: esa que, para visitarla, hay colas kilométricas durante el verano, pero aquel día de perros estuvimos solos.
Lo que iba a ser una clase sobre principios básicos de lanzado se convirtió, por pura necesidad, en un clinic para que al menos cada uno aprovechara algo de aquel pésimo día. ¡Menos mal que ninguno le pidió a Alejandro que le enseñara a lanzar distancia!
De aquella jornada volví a casa, además de empapado, con dos cosas muy importantes medio aprendidas:
1ª.- El consejo de Alejandro de que perseveráramos en aprender a lanzar bien; porque, pescando en un día como aquél, si no podíamos lanzar a 15 o 20 metros al menos podríamos hacer unos buenos lances a diez o doce.
2ª.- La doble tracción. Yo no sabía hacerla, lo que no impedía que pescara muchos peces sin traccionar en mi lanzado. Pero tan pronto pude cogerle el tranquillo a la cosa ―y eso no sucedió aquel mismo día, sino varios después, tras unas cuantas horas de práctica frecuente―, me di cuenta de lo útil que era.
Después vinieron los cursos en el Pail con las consabidas peregrinaciones hasta Atapuerca, y horas y más horas de práctica constante en un prado a orillas del río Miño, al lado de unas termas públicas y ante la mirada de miles de paseantes ―solos o con perro― y practicantes de running. De aquella época, hay una palabra que quedó en mi memoria muy por encima de todas las demás: «¿Pican?».
Sí: una muchedumbre pasaba a diario por mi lado, pero yo practicaba lanzado absolutamente solo. No es fácil practicar solo.
En Atapuerca conocí a unos mosqueros a los que les apasionaba aprender… y enseñar. Que estaban dispuestos a sacrificarse un poco para mejorar su lanzado.
¿Sólo un poco? Llegábamos desde lejos; gastábamos dinero; practicábamos lanzado solos o en compañía de otros; comprábamos libros… y nos pelábamos las pestañas estudiando teoría de lanzado para aprobar los exámenes del máster, el máster avanzado… y el de instructor de lanzado del programa Pail. Todo ello bajo la muy exigente supervisión de Alejandro, Carlos Azpilicueta, Raúl Portes, Fernando Gil Muskie…
Entre aquellos aprendices estaba Aitor. Era un alumno aventajado. Quiero decir que tenía la ventaja de que el inglés era en gran parte su idioma de trabajo, y gracias a esta coincidencia poseía una más que considerable biblioteca de libros sobre lanzado, y buceaba en excelentes foros de habla inglesa. Si a ello añadimos una insobornable pasión por llegar al fondo de las cosas y unas dotes para la enseñanza más que destacadas, comprenderá el lector por qué está leyendo ahora mismo estas líneas que se hospedan en su página web.
Sin ninguna duda podría situar los años de aprendizaje de lanzado entre los mejores de mi vida de pescador, que ya dura la friolera de 49 años. ¡Como pasa el tiempo! Pero tranquilicémonos: alguien dijo que los años pasados a la orilla del río ―y esperemos que también en el campo de prácticas de lanzado― no cuentan, así que todavía soy un chaval.

¿Por qué, después de tan largo camino, aún sigo practicando lanzado y escuchando la consabida pregunta: «¿Pican?»?
Porque la práctica del lanzado constituye un placer en sí mismo. Un placer físico ―Aitor me dijo un día que se parece al tai-chi― y estético.
― Porque el conocimiento del lanzado me proporciona recursos de pesca que no tendría ―o probablemente no habría encontrado― si no hubiera aprendido a lanzar bien.
― Porque gracias a la práctica del lanzado, cuando estoy pescando tengo un conocimiento intuitivo de cuál va a ser el lance adecuado y la presentación adecuada para cada circunstancia de cualquier clase: climatológica o relativa a la configuración del río y a la posición de los peces. Esto no me hace un pescador infalible, sólo me da más oportunidades para llegarle mejor al pez.
― Porque me gusta saber cómo funciona la mecánica del lanzado. Esta curiosidad es una constante fuente de retos durante las prácticas, y de alegrías en el río cuando consigo capturar un pez después de hacer exactamente lo que quería hacer.
― Porque ―y esto es MUY IMPORTANTE― la práctica del lanzado y el conocimiento de su mecánica me dan una gran capacidad de autocorrección durante la acción de pesca. Que levante el dedo aquél que, repitiendo una y otra vez un lance ineficaz en el río, nunca se preguntó, algo desorientado: «¿Qué es lo que estoy haciendo mal?».
― Porque sé que ver en el río a un mosquero que lanza con unos bucles perfectos, hace a la pesca con mosca aún más bella de lo que es en sí misma… y a mí me gustaría ser uno de esos mosqueros.
― Porque la práctica me ha enseñado que si en el prado llego a 20 metros, en el río llegaré con facilidad y buena presentación a 15; si en el prado llego a 27 metros, en el río podré llegar con solvencia ―y sin espantar al pez― a 24; y si en la hierba llego a los 30, en el río podré llegarle a aquella trucha gorda que se está cebando a 27… ¡y 27 metros en el río es lejísimos!
― Porque el lanzado es un camino de superación que nos hace ―aún― mejores mosqueros.

Más adelante compartiré con los visitantes de esta página web, que tan amablemente me brinda Aitor, algunas páginas de mi diario de pesca con la esperanza de que pasen un buen rato leyéndolas y, ―¿quién sabe?― les sean útiles. En ellas encontrarán vivencias de pesca… y lanzado.
¿Quién dijo que el lanzado y la pesca son cosas diferentes?

José Ramón Rodríguez
Argibay

7 comments on “Presentación

  1. Revuki says:

    Un placer leerte de nuevo!

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  2. Ximenez says:

    Un acierto de ambos el compartir tus cronicas JR. Todavia sonrio recordando algunas 🙂

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  3. Pablo Espinar says:

    Bonitas reflexiones, José Ramón, estamos asistiendo a un retorno de los viejos rockeros a las redes, ya sólo nos falta Viñuales 🙂

    Un saludo,

    Pablo

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