De nuevo en las termas

 

DE NUEVO EN LAS TERMAS

04/04/2017


Decía que ayer bajé al río un par de horas por la tarde, después de comprobar en la página de la Confederación que el nivel estaba con 120 m3/s. y llevaba todo el día así, cosa rarísima. Bajé igual, aunque esperaba que de un momento a otro me lo subieran y tuviera que salir de allí. La cuestión era hacer ejercicio y, sobre todo, estar con los pies en el agua.

Cuando llegué a la postura del balneario de Quintela, soplaba un vientecillo del norte ―o sea, río abajo― que prometía una pesca difícil con cualquier modalidad de mosca. Quise probar a seca con una culipata oliva en una rasera que conozco bien ―y JA también la conoce―, y me salieron unos lances bastante desastrosos: no era nada fácil perforar el viento aguas arriba, e incluso lanzando de través el bajo se presentaba con un ángulo de 90º respecto a la línea. Me detuve un momento, y me dije: «Vamoaver, JR. A ti te han enseñado a lanzar con viento, e incluso tú has enseñado a hacerlo. Acuérdate de lo que te dijo Viñuales en aquel cursillo que te dio ―junto con otra media docena de chalados― en la playa de Las Catedrales cuando no sabías hacer ni la doble tracción, años antes de que te apuntaras al Pail:

― Con viento fuerte, olvidaos de intentar lanzar lejos. Adquirid técnica para lanzar correctamente a diez o quince metros ―como mucho― en esas condiciones; siempre será mejor que lanzar mal a diecisiete».

Luego me acordé de lo que me enseñaron mis profes del Pail: «Con viento de frente, cierra el bucle, dale más velocidad a la línea pero no hagas el burro lanzando más fuerte».

El caso es que parecían habérseme olvidado todas estas cosas, después de llevar años haciéndolas. Me concentré en hacer lo correcto, y el bajo empezó a estirarse bien.

Estuve poco tiempo pescando a seca porque no se veían cebas ni insectos. Decidí quitar el carrete con la línea flotante y montar otro con una hundida ―más bien, intermedia― y un estrímer.

Lanzar el estrímer con la caña de una mano y aquel viento también fue un suplicio al principio, hasta que repetí el proceso de razonamiento anterior, pero en este caso procuré  hacer speys aceptables aprovechando la parte buena de la panza de la cabeza de la línea. Pronto el estrímer llegó a donde yo quería llegar, aunque no tan lejos como habría llegado si hubiera calma chicha.

Llevaría unos veinte minutos haciendo nadar el estrímer ―lanzando tres cuartos aguas abajo―, cuando los dioses de las aguas premiaron mis esfuerzos con una picada brutal.

De pronto, veo revolverse  a unos 20 metros un pez que ya me parecía grandecito. La pelea duró mucho porque la trucha era muy fuerte y había corriente, pero la fui arrimando hasta que pude encestarla en la sacadora. La llevé hasta la orilla para hacerle una foto, y observé que en ambos flancos tenía unas marcas como de arañazos. Se les veía más aspecto de huellas de uñas por el lado derecho que por el izquierdo ―en el sentido de la foto―, y en los dos tenían exactamente la misma inclinación. No la fotografié por el otro lado porque no quise sobarla mucho… ―ya bastante la habrá sobado el bicho que la quiso comer. 
 Las marcas podrían haber sido causadas por un cormorán, pero otras truchas que he cogido con marcas de ellos, tenían en uno de los lados una huella profunda del gancho del pico de esa avecica del Señor, y ésta no la tenía, por lo que me inclino más por una nutria que por uno de esos pajarracos. Descarto totalmente que lo hiciera un visón, las marcas eran demasiado grandes.

El caso es que hace años que no veo nutrias en el Miño. Hace unos nueve, vi una muy grande un par de veces, pero no las volví a ver.

 

TANTEANDO EL LANZADO DE DISTANCIA

13/10/2017


Después de una semana de intenso trabajo en el tren, pude bajar a practicar al prado del Tintero. Fui un poco antes que otros días, pero comprobé que no por mucho madrugar se empieza a lanzar más temprano, pues las mesas de piedra estaban ocupadas por muchas personas que disfrutaban de la placidez de la tarde, y aquéllas ―las mesas― parecen colocadas a propósito para que no se pueda practicar lanzado entre ellas, aunque supongo que el ayuntamiento no habrá pensado en mí cuando las instaló ahí.

No obstante, encontré un pequeño hueco y me dediqué a practicar control del bucle con poca línea hasta que se empezó a despejarse el paisaje y el paisanaje. Entonces desplegué la cinta métrica, marqué las distancias de 15 y 18 metros y refresqué mis prácticas del último día: control del bucle y su amplitud, y disparo final de línea.

Mientras practicaba, miraba de reojo al río, pero en el sereno apenas se veían cebas. Las piedras de la orilla del Miño están completamente blancas y resecas porque el río lleva 15 días con 28 m3/s.: una miseria. La gran pregunta es por qué turbinaron tanta agua durante todo el mes de septiembre, habiendo la misma sequía que ahora.

Cuando conseguí hacer con cierta regularidad y buen control lances volando 18 metros de línea, di unos pasos atrás y me situé en la medida de los 20 metros, poniendo a continuación la lana a esa distancia. Se trataba de levantar y volar toda esa longitud de línea más bajo, hacer unos lances traseros lo más decentes posible, y disparar finalmente unos cinco metros de línea, concentrándome en una buena rotación final de la muñeca lanzadora en el lance de presentación.

Mientras buscaba una gran aceleración de la línea en el lance trasero mediante la combinación de una larga tracción y una fuerte aceleración de la caña, me di cuenta de lo importante que es, en acción de pesca, aprovechar lo que los ingleses llaman el water haul: la tensión superficial del agua contra la línea cuando se hace el levante. Esta tensión ayuda magníficamente a la aceleración de la línea en el lance trasero, y puede reducir la tracción a la mitad cuando lanzamos con el agua por la cintura o las caderas. De hecho, es mi técnica de levante favorita cuando pesco con moscas ahogadas o estrímer, y una línea intermedia. El primer lance trasero queda así muy tenso, y sólo hay que hacer un falso lance delantero muy controlado ―a veces más suave de lo normal― para, a continuación del segundo trasero, hacer el de presentación. Incluso cuando pescamos a tres cuartos aguas abajo, se puede hacer un solo lance compuesto por el levante y el lance de presentación con un ligero cambio de dirección.

Mientras lanzaba, me concentré también en la deriva trasera de la caña antes del lance de presentación, buscando el estilo de Paul Arden; pero, por ahora, éste es un estilo demasiado exigente para mí, aunque poco a poco insistiré en él.

Tambén hice algunos intentos de apoyar el portacarretes y parte de la empuñadura en la parte interior del antebazo lanzador al comienzo del lance trasero, pero encuentro esta postura incomodísima aunque sé que aumenta mucho la potencia del lance trasero. César García intentó enseñarme esta técnica, que él domina muy bien, pero no pude imitarlo. Me quedé con la sensación de que hay algún problema anatómico que me impide lanzar así, pero reconozco que nunca le dediqué una sesión de lanzado entera para confirmarlo. Todo se andará…

Se encendió el alumbrado de la pista de tierra, recogí la cinta métrica y los conos y me puse a lanzar a favor de la luz artificial, practicando una vez más el control del bucle y las aceleraciones traseras. En esto estaba cuando se detuvo a mi lado una pareja ya mayor. Él me dijo que también era pescador; en el río, de cucharilla y, sobre todo, en el mar desde barca: fanecas y caballas. Había sido marinero, y ahora está jubilado. Cuando me dijo que para la cola de rata se necesitan ríos despejados, le hice una pequeña demostración de lances rodados, semirodados y laterales muy bajos, casi rasantes. Creo que lo convencí de que no hace falta tanto espacio para pescar con sedal pesado.

Le ofrecí la caña para que probara a lanzar, pero declinó mi oferta. Ellos se fueron, después de saludarme cortésmente, y yo seguí lanzando.

Unos diez minutos después, tras un par de las consabidas preguntas guasonas ―¿pican?―, pasó a mi lado por la pista de tierra un coche a gran velocidad tripulado por varios jovenzuelos, procedente del pequeño aparcamiento que hay al lado de la fuente del Tintero. Al paso, una voz joven gritó:

― ¡¡El río está del otro lado, ANIMAL!!

Sonreí. Están en la edad de decir burradas… y de hacerlas. Les deseé que, más pronto que tarde, encuentren la horma de su zapato. A veces, la vida paga al contado…
Volví a casa contento porque conseguí algunos lances ―pocos― realmente buenos, y algo picado por una curiosidad: esa dificultad para apoyar la empuñadura de la caña en el interior del antebrazo durante el lance trasero, ¿es falta de práctica, o defecto del animal?

Ya veremos…

José Ramón Rodríguez, Argibay

3 comments on “De nuevo en las termas

  1. Pablo Espinar says:

    Hola, buenas, Argibay. Estupendos relatos, has sido un gran fichaje de Aitor. 🙂

    Por cierto, he visto que mencionas que a veces pesca a ahogada. Estoy interesado en el tema, ya que yo nunca lo he hecho, de momento sólo he probado ninfa aguas arriba (con indicador casi siempre), streamer como tú comentas (recientemente), y sobre todo seca, el 80% del tiempo. Cómo es la técnica con ahogadas? también lanzando aguas abajo 45º?

    Un saludo,

    Pablo

    Liked by 1 person

    • Argibay says:

      Gracias por tu buena valoración, Pablo.
      La pesca con ahogadas aguas abajo seguramente es la más antigua de las practicadas con caña y mosca. Se puede empezar presentando la mosca a 45º aguas abajo, efectuar -si son necesarias- las correcciones que nos permitan establecer el contacto con la mosca -o las moscas, si usamos más de una-, y hacer la deriva hasta que las moscas se hallan directamente aguas abajo de nuestra posición.
      Con el tiempo y la práctica, podrás ir presentando las moscas más aguas arriba hasta que consigas hacerlo por encima de los 90º. Aunque las pautas casi siempre serán las mismas (presentación – corrección – deriva con contacto con la mosca – animación – levante), esta técnica está llena de matices y llega a ser muy productiva cuando se ejecuta bien. Es muy semejante a la pesca del salmón con mosca.
      Detalle importante: para aprender a pescar bien con mosca ahogada, PESCA CON ELLA CUANDO LAS TRUCHAS ESTÉN ACTIVAS.
      Muchos no aprenden bien esta técnica porque, en cuanto se activan los peces, utilizan otra modalidad con la que están más familiarizados.
      La pesca con mosca ahogada aguas abajo es el reino de los lances spey y los switch.
      Un saludo.

      Liked by 1 person

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