Truchas a dos manos

 

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Foto Argibay

 

PASEANDO LA ECHO
07/04/2017


Ayer bajé al río sin la presión ―es un decir― de tener que venirme a la mejor hora, porque hoy no tenía que madrugar. El plan era pescar con la caña de dos manos toda la rasera del balneario… si no había bulderos.
Cuando llegué, a las cuatro y media de la tarde, hacía un calor de mil demonios y el día era muy brillante. Puse el estrímer del otro día y empecé a lanzar.
Los spey me salían razonablemente buenos, pero aún tengo que mejorarlos mucho. No habría hecho una docena de ellos cuando tuve una fuerte picada. La trucha, muy tranquilita comparada con otras congéneres del Miño, se fue dejando arrimar hasta que acabó en la sacadora. Era un ejemplar muy bonito, marrón y no muy ocelado. Midió 54 cms.
Seguí lanzando y derivando lentamente aguas abajo. Los lances perdieron calidad: aplicaba exceso de energía, tenía desanclados y las paradas de la caña eran tardías. Estuve un buen rato intentando corregir eso hasta que llegué a la última postura, la del pozo del Moimún. Para esas ya estaba completamente empapado en sudor y cansado. Justo por encima del pozo clavé una kilona que pegó un salto, saludó con la aleta y se fue.
Cacheé un poco las corrientes de la cabecera del pozo, pero los peces estaban completamente inactivos. No así las lavanderas, que cazaban las pocas efémeras que salían del agua. Estaban muy atentas, cada una en su piedra exclusiva ―si otra intentaba posarse allí, la echaban―, y nunca dejaré de admirar lo lejísimos que pueden ver un insecto estos pajarillos.
Precisamente al lado de esas corrientes, en la orilla, hay una salguera que da una sombra espesa cuando empieza a bajar el sol. Allí me tumbé, entre la hierba, y estuve casi una hora observando a las lavanderas.
Ya descansado, subí directamente al comienzo de la rasera y volví a empezar a lanzar. Mis lances mejoraron muchísimo, tanto los speys como los lances aéreos, aunque ningún pez se interesó por el estrímer, esta vez un Black ghost.
Tengo claro que me queda mucho que practicar con la caña de dos manos…

 

SPEY EN OS PEARES
08/04/2017


Esta tarde he pasado un par de horas en Os Peares lanzando con la Echo. El día estaba estupendo y el río venía bien ―el agua, helada―, pero mientras estuve allí, las muy tunantas no le tocaron al estrímer. Eso sí, los lances me salieron mucho mejor que ayer, a pesar del notable viento del oeste que había. Va a ser cuestión de práctica…
No debe de haber muchos peces por allí, porque no me explico cómo en un sábado por la tarde estuve completamente solo en el río, y mira que tiene posturas bonitas.
Mientras lanzaba en el final del pozo que comienza bajo el puente del ferrocarril, imaginé a Catherine Gasquoine y a su marido, W. Gallichan*, mirando desde la eternidad cómo lanzaba el estrímer. Sus almas, ya intemporales, estaban sentadas en las rocas que hay debajo del puente. Walter parecía observar mis lances con gesto desaprobatorio, y me transmitió sus pensamientos:
― ¡Mira que es torpe ese gallego! Si pudiera materializarme aquí con mi caña de greenheart y una buena Thunder and Lightning, le enseñaría cómo se lanza correctamente con una caña de dos manos.
Su mujer asentía, sonriendo.
A pesar de la barrera del idioma, sin duda nos habríamos entendido, y yo aceptaría encantado sus correcciones.


* Ambos pescadores ingleses lanzaron sus moscas en esta misma postura en el año 1904, tal como relatan en su libros Fishing and Travel in Spain (de W. Galichan, 1904) y Spain Revisited. A Summer Holiday in Galicia (de C. Gasquoine, 1911).

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