Lanzando sin respirar

 

LANZANDO SIN RESPIRAR
16/10/2017


La respiración es una de las cosas importantes que hay en la vida. Ya dice el escritor Eduardo Mendoza, en una de sus novelas, que las cosas más importantes son: «disfrutar de los buenos momentos, soportar con paciencia la adversidad, intentar sacar lo bueno que se pueda de lo malo y, sobre todo, no olvidarse de respirar».
También en el lanzado la respiración debería de ser importante. Según mi propia teoría, se debería inspirar en el lance trasero y espirar en el delantero. Pero no quiero hacer aquí una tesis sobre la respiración en el lanzado, sino simplemente decir que hoy había que intentar lanzar sin respirar porque el humo de los incendios que asolan Galicia hacen muy difícil respirar normalmente al aire libre. La visibilidad es de unos ochocientos metros y el aire está lleno de partículas en suspensión que molestan en los pulmones. He visto a mucha gente con mascarilla por la calle.
Con todo, pretendía practicar un poco de lanzado y me fui al prado del Tintero. El programa para hoy era ejercitarme en los lances ovales hechos con diferentes cantidades de línea y a distintas velocidades del bucle. Durante la temporada de pesca, en los días en que fui a pescar basses los usé con mucha frecuencia para adaptarme a un viento lateral que venía por la mano lanzadora, y no tuve dificultades especiales para poner el estrímer donde yo quería. También en los primeros días de la temporada, en la postura del sauce, tuve que utilizarlos con frecuencia; pero ahora se trataba de concentrarme más en el lanzado que en la pesca, y experimentar un poco.
Comencé con poca línea ―unos 12 metros― y fui aumentando la distancia poco a poco, variando la amplitud de los bucles trasero y delantero. Lo más difícil era empezar a aplicar tracción en el lance delantero con cierta cantidad de línea ―digamos, hacia los 15 metros―, pues ésta tendía a hacer un extraño cuando el bucle iba por la mitad de su recorrido, arruinándose al final la presentación. La solución estaba en hacer un impulso de lance delantero muy controlado, impidiendo que, debido a su inercia natural, la caña se me fuera hacia la izquierda al comenzar la aceleración de dicho impulso.
Pero el hecho de respirar un aire muy viciado de humo me quitaba mucha concentración, y a la media hora suspendí los ejercicios porque ya no aguantaba más.
En vez de ponerme a lanzar, debería de haberme puesto a bailar la danza de la lluvia…

José Ramón Rodriguez, Argibay

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