Se nota la Semana Santa

 

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Foto Argibay

 

SE NOTA LA SEMANA SANTA
12/04/2017


Esta tarde volví a bajar al Miño un par de horas. Se nota mucho la semana santa porque las termas eran un hervidero ―más bien, un hormiguero donde se cocían a baja temperatura cientos de hormigas humanas―, y el río una pequeña romería de pescadores, pero no se allegaron a la postura del balneario y la tuve toda para mí… al menos el par de horas que pesqué.
Nada más llegar a la orilla, vi relucir algo en el fondo. Era lo que parecía: una trucha grande que llevaba muerta muy poco tiempo. Cerca de ella había una boga grande, también muerta.
Arrimé la trucha a la orilla, la examiné y no le encontré heridas ni hongos. La boca también la tenía bien, con aquellos dientes que metían miedo. Le hice una foto y puse la caña y la sacadora para comparar, no para presumir. Midió 60 cms. justos.
¿Podría haber muerto aquella trucha después de la pelea con un pescador? Es imposible saberlo. La existencia de aquella boga, también muerta, me hace pensar que no. Hace ya bastantes años, un día vi una trucha kilona que se internaba hacia la orilla de una laguna que formaba el río. No le lancé la mosca; la vi alejarse mientras me trasladaba a las corrientes de la cabecera del pozo del Moimún. Después de pescar allí durante una hora, remonté el río por la orilla y pasé por el borde de la laguna. Allí estaba la trucha, muerta en el fondo. Sospecho que hay vertidos muy puntuales de sustancias muy tóxicas, que matan instantáneamente a los peces que cojan en su radio de acción o a los que pasan por los pequeños depósitos de esos vertidos.
El Miño, en su tramo sin muerte ourensano tiene una presión de pesca bastante alta y nunca encontré peces muertos en sus orillas, salvo alguno que otro con huellas visibles de enfermedades.
Pesqué toda la postura con la caña de dos manos y un estrímer. No me dieron ni un toque, y sólo vi bañarse un pez grande allá en medio del río. Hacía un viento del oeste bastante fuerte, y había que esperar que amainara para poder lanzar.
Me vine para casa en buena hora ―mañana hay que madrugar otra vez―, y quise hacer unos lances en la postura de las termas, pero había tres cofrades ―dos al lanzado y un ninfero―. Los dejé en paz.
El pradito que hay alrededor de esta postura rebosaba de gente de casi todas las edades en decúbito prono y supino, achicharrándose a un sol ya bastante fuerte. No sé qué gracia le verán… Bueno, yo le veía gracia a una moza que estaba en top less, que alguna valiente hay en esta ciudad tan de misas y curas, tan decimonónica. Sí: casi como Vetusta.

José Ramón Rodriguez, Argibay

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