La tarde de la pelusa

 

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

 

LA TARDE DE LA PELUSA

21/04/2017


Llegué a las cinco de la tarde a la postura del sauce. El río permaneció bajo durante las tres horas que pesqué, y por eso eché de menos a la Harmony. Si supiera que iba a quedarse estable, la habría llevado.

Las truchas se cebaban con cierta intensidad cuando me metí en el agua. Bajaban muchas y diferentes efémeras, y la pelusa de los chopos todavía no era abundante. Todavía.

Las plantas acuáticas, sobre todo los ranúnculos, crecen mucho de un día para otro. Algunos de ellos ya alcanzan la superficie, y pronto será muy difícil pescar un pez grande en esta postura. Como hay que pescar casi siempre de través, la técnica de las presentaciones, de los apilados, tiene que ser muy precisa, y, si se  tiene la suerte de clavar un pez que se ceba al otro lado de uno de esos ranúnculos, más suerte habrá que tener para que se defienda en superficie, se deje deslizar río abajo y no se enrede en una de las muchas plantas que hay. Los peces grandes casi nunca se comportan así. En cuanto se sienten clavados, nadan a toda velocidad aguas adentro, imposibles de frenar. Con frecuencia la línea apunta río abajo y un pez salta en el aire frente al pescador o por encima de su posición: es el que está clavado, después de doblar por debajo de algún ranúnculo o de alguna piedra grande. Es cierto que hay que tener bastante  habilidad para conseguir sacar estos peces, pero la suerte pesa otro tanto en la balanza.

De hecho, empiezo a pensar que ésta es una postura muy poco concurrida por mis cofrades porque es muy difícil de pescar: cuando las plantas están cortas, las ninfas pesadas tienden a engancharse en ellas, y aun en estas condiciones primeras las contracorrientes superficiales hacen difícil la presentación y una buena deriva de una mosca flotante o de una ninfa ligera. Por eso los pescadores se concentran en la orilla de enfrente, donde la corriente es completamente lisa y regular, y las derivas no ofrecen ninguna dificultad.

La mayoría de las truchas de esta postura se sitúan al otro lado de la corriente central, por lo que los lances han de ser largos, compensados con una extensión de la línea aguas arriba, y con un apilado en el bajo que garantice una buena deriva al menos en los primeros cuatro o cinco metros después de la presentación. Precisamente por eso hay que lanzar con la mayor precisión posible sobre el punto donde se ha visto la ceba. Se trata de que el pez vea caer la mosca, o la encuentre en los tres o cuatro primeros metros de su recorrido.

Llevaría pescando una hora ―ya había sacado un par de truchas de 35/38cms.― cuando empezaron a caer pelusas de los chopos. Por momentos parecía que caían, muy densos, finos copos de nieve. Los nudos del bajo de línea los atrapaban, la mosca los atrapaba. Cada poco tiempo, había que limpiar la línea y la mosca, y había que echarle al asunto mucha paciencia.

No obstante, seguía habiendo cebas esporádicas y conseguí sacar otras tres truchas que me dieron mucho trabajo por su tendencia a enredarse en las plantas. Sólo una llegó a los 40 cms; las otras se quedaron un par de centímetros por debajo.  Son peces muy fuertes, y la pelea con ellos siempre es larga.

Cuando me quedaba poco para irme, bajé hasta la postura de la isla y trasteé en las corrientes con una Barón rojo, pero no me subió mingún pez. El que empezó a subir fue el río, y esta vez no hubo una punta de actividad de los peces en superficie. Lástima.

Mientras el río crecía, me senté en una piedra a observar cómo se empezaban a formar las pequeñas corrientes en el acceso al gran pozo donde ayer perdí las dos truchas grandes por rotura del bajo de línea. Pronto vi una ceba, y parecía de pez grande. ¿Sería una de las truchas de ayer, que venía a devolverme la mosca?

El pez se cebó un par de veces y no volvió a cebarse: sin duda se habia ido.

Pronto llegó otro que hacía cebas más pequeñas. Agachado, me arrimé hasta unos seis o siete metros de donde se cebaba y, arrodillado en una piedra, le tiré una culipata. La cogió al tercer o cuarto lance, y pronto supe que no era la trucha de ayer: era una mediokilona que no resultó muy guerrera. La devolví al agua y volví a sentarme en mi piedra, pero no apareció ninguna otra trucha por allí, y me fui para casa.

Seis truchas en el Miño en tres horas ya es un resultado muy bueno, pero me habría ido igual de satisfecho con una o dos. O ninguna.

José Ramón Rodriguez, Argibay

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s