Los cuatro niveles de iluminación (I)

 

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Tim Rajeff’s masterclass at the EWF, Fürstenfeldbruck, Germany

 

Una de las grandes bondades de la pesca a mosca, a diferencia de otras actividades deportivas, es que puede ejercitarse a lo largo de toda nuestra vida; la edad no es un obstáculo serio. Es más, envejecer hace crecer nuestra experiencia y nuestra capacidad técnica, por lo que el tiempo nos transforma continuamente en pescadores más completos y hábiles. Aquí el paso de los años lejos de restar facultades las suma.

Posiblemente en ese proceso de crecimiento podríamos definir diferentes etapas o niveles de habilidad. Digo posiblemente porque en lo que respecta a la pesca a mosca en su conjunto nunca me he puesto a reflexionar sobre ello; no así en lo referente a nuestras habilidades como lanzadores, aspecto en el que, bajo mi punto de vista, hay varios hitos, y cada uno de los cuales supone un gran salto cualitativo en nuestra capacidad de presentar una mosca de forma natural o atractiva.

En este sentido yo distingo cuatro niveles principales. Vayamos con el primero.

Traslación/rotación

Probablemente éste sea el salto más notable en nuestra progresión, el punto de inflexión que marca un antes y un después.

La tendencia natural de todo pescador autodidacta en el lanzado es a describir con la caña un movimiento puramente rotatorio, como el de un limpiaparabrisas. Al principio ese movimiento es demasiado amplio, la puntera de la caña trazando una línea imaginaria parecida al perfil de una cúpula. Esto resulta en bucles excesivamente anchos y muy poco eficientes. Aprender a ajustar ese ángulo es el primer pasito en el camino que acaba de comenzar.

El siguiente es un paso de gigante: el movimiento que debe describir nuestra caña es la combinación de un movimiento lineal —traslación— con uno rotatorio —rotación. Es decir, al impulsar la línea empezaremos moviendo la caña sin hacerla girar, manteniendo invariable el ángulo que forma su talón con respecto al agua; solo al final del movimiento haremos que la caña gire y describa un ángulo.

Esta maniobra nos pone decididamente en ruta hacia la excelencia en el control de la línea, y por tanto en el de la presentación.

Una sencilla representación gráfica sería la siguiente (el lance va de izquierda a derecha):

 

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Traslación con rotación al final

 

En el siguiente vídeo vemos el aspecto que tiene en la práctica esa rotación retrasada hasta el final. Se trata de Paul Arden haciendo un lance de distancia:

 

 

Al tratarse de un lance muy largo el golpe de lanzado también es muy largo, lo que hace particularmente notoria la diferencia entre la fase de traslación y la de rotación. En lances medios la fase de traslación pura no es tan larga, y el ángulo de rotación también es menor. La diferenciación entre traslación y rotación en lances cortos es más difusa, pero también conviene esforzarse en ella. Si bien es cierto que en distancias de ocho o diez metros una rotación pura funciona sin problemas, acostumbrarnos a iniciar el golpe de lanzado con traslación automatiza la secuencia de movimientos para cuando esa rotación/traslación es vital —¿a quién no le suena la escena de esa trucha cebándose un metro más allá de donde nos llevan nuestros mejores esfuerzos?

Un ejercicio para entrenar el retardo de la rotación de la caña:

 

Aquí se hace realidad el viejo dicho: pequeñas causas grandes efectos. Pruébalo y me cuentas.

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