El minusvalorado lance trasero


De todas aquellas disciplinas enfocadas en mandar un objeto a cierta distancia, no hay ninguna —al menos que yo conozca— que exija la misma habilidad, fuerza y control de movimientos hacia atrás que hacia delante. Aparte del lanzado a mosca, claro está.

Y así, en el lanzado, nos enfrentamos a una paradoja: el lance trasero es fundamental para una buena técnica, y, sin embargo, apenas nadie le presta atención.
En mi experiencia, muchos de los problemas a la hora de presentar la mosca tienen su origen en un mal lance trasero. ¿Cómo saber si un lance trasero es bueno? La teoría es sencilla; lo que buscamos es un bucle:

  • Relativamente estrecho.
  • Con ambas patas en el mismo plano.
  • Con la pata de la mosca lo más recta posible.
  • Con la línea siguiendo una trayectoria que sea —idealmente— la continuación de la trayectoria delantera.


Lo habitual es que, si no lo hemos entrenado específicamente, nuestro lance trasero sea bastante deficiente. Tiene lógica: no podemos corregir aquello que no vemos.

Así pues, una buena rutina de entrenamiento incluye observar lo que sucede a nuestra espalda. Es por esto que los profesionales del lanzado miran todos y cada uno de sus lances traseros, hasta dar con el perfecto, el que determina que el siguiente lance delantero es el de presentación.
Pero, por regla general, en situación de pesca no vamos a estar mirando a nuestra espalda, así que me parece importante introducir en la rutina de entrenamiento un nuevo ejercicio: presentar la mosca con precisión en el lance trasero, pero sin mirar al objetivo. Un paso más allá del entrenamiento visual previo, y un excelente indicador de nuestra técnica.
Una ventaja adicional: aprender a presentar correctamente en el lance trasero nos prepara para esas situaciones —relativamente frecuentes en lagos y en la mar— en las que un viento fuerte soplando desde el brazo lanzador nos pone en riesgo de recibir un moscazo o de romper la caña.

El siguiente vídeo lo grabé durante una reciente sesión de práctica. Una marca a mi espalda sirve de diana y se trata de presentar la mosca en esa marca, sin mirar al objetivo antes del golpe de lanzado.

Entrenando el lance trasero

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