La orilla, el viento y otros líos del spey

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Como ya sabemos el rodado dinámico es el alma mater de los lances spey; lo que pretendemos en la ejecución de todos los spey es llegar al inicio del lance delantero con la configuración línea/caña que conseguimos con un rodado dinámico… pero por medio de otras maniobras. Esas diferentes maniobras vienen motivadas por el inconveniente fundamental que presenta el dinámico: no vale para cambiar de dirección. Me explico. Al final de la deriva la mosca se encuentra, lógicamente, en un lugar distinto de aquel en el que la hemos presentado, y en el siguiente lance deberemos presentarla de nuevo en otro punto aguas arriba: tenemos que cambiar de dirección.

Pero esas maniobras también son específicas para cada lance, como medio de adaptación a las circunstancias particulares del escenario que estemos pescando y del equipo que estemos usando. En unos casos una mera variante del levantado nos permite transformar un dinámico en un spey simple o un snakeroll; en otros casos la variable fundamental está en la forma en la que establecemos el punto de anclaje, como sucede con el spey doble y el snap T. De cualquier manera estos cuatro lances mencionados (spey simple, spey doble, snap T y snakeroll) son los básicos que todo pescador de spey que se precie debe conocer.

En este artículo no pretendo dar indicaciones sobre la ejecución de estos lances, hay miles de vídeos por la red sobre el tema, y por otra parte creo que no es posible aprender a hacerlos leyendo una parrafada que de seguro resultará ininteligible. No quiero desperdiciar mi tiempo ni haceros perder el vuestro.

Lo que sí quiero es centrar un asunto que, como compruebo durante mis clases, presenta casi tantas dificultades como el aprendizaje de los lances en sí. Me refiero a entender por qué existen tantos lances spey fundamentales, y qué es lo que determina el que debemos escoger en cada circunstancia.

Los lances spey se pueden clasificar de diferentes maneras atendiendo a los distintos aspectos que pueden entrar en juego en una jornada de pesca. Personalmente empleo  cinco criterios distintos a la hora de establecer esas clasificaciones:

  • Limpieza y rapidez de ejecución
  • Tipo de equipo que estemos usando
  • Orilla desde la que pescamos y cuál es nuestra mano dominante
  • Lado en el que se produce el anclado
  • Dirección del viento

Casi nada. Ya sé que suena complicado, pero veréis que es de pura lógica. Si complementáis lo que viene a continuación con una sesión de vídeos de internet creo que esa aparente complicación se esfumará a poca atención que le prestéis.

Rapidez de ejecución y limpieza

Todos los spey no son iguales. El spey simple y el snakeroll son más rápidos de ejecución y perturban menos el agua. Eso se traduce en más presentaciones de la mosca al final de la jornada y en una pesca más delicada. Si todo son ventajas ¿por qué no usar en exclusiva spey simple y snakeroll y olvidarse de los otros? Pues por lo que viene a continuación.

Tipo de equipo

No es lo mismo pescar con líneas flotantes y moscas ligeras, que con líneas hundidas y pesadas moscas de tubo. Cuando usamos “artillería pesada” los lances que mejor funcionan son el spey doble y el snap T, porque las piruetas aéreas que implica la ejecución de los otros dos dan muchos problemas. Quien conozca un poco de este mundillo entenderá ahora por qué en la técnica skagit no se usan ni el spey simple ni el snakeroll.

La orilla y la mano dominante

Todos los ríos tienen dos orillas, la izquierda y la derecha. Buen descubrimiento ¿eh?. Pues esto que parece tan de perogrullo crea mucha confusión entre quienes se acercan al spey por primera vez.

La estructura mental del pescador de truchas -que acostumbra a pasar sus jornadas mirando aguas arriba- le dice que la orilla izquierda es la que queda a su izquierda, y viceversa. Pero eso no es lo que dice la geografía, ni la técnica spey.

Desde el punto de vista orográfico, las orillas de los ríos se definen mirando aguas abajo. Es lógico, es lo mismo que hacemos cuando vamos en coche: circulamos por la derecha, y esa derecha viene determinada en relación al sentido de la marcha. Así que lo que tenemos que tener en cuenta es el sentido de la marcha del río y actuar en consecuencia. Resumiendo: si nos ponemos a mirar aguas abajo -es decir, en el sentido de la marcha del río- la orilla de nuestra izquierda será la orilla izquierda, y la de nuestra derecha, la orilla derecha. Pues eso.

¿Y la mano dominante? Vamos a por otra perogrullada: es más fácil lanzar con nuestra mano dominante que con la otra.

Con cañas de una mano los diestros usamos la mano derecha, los zurdos la izquierda. Con cañas de dos manos es parecido: los diestros colocan la mano derecha en la parte superior de la empuñadura; los zurdos la mano izquierda arriba. ¿Que sentido tiene esto en la práctica? Pues es lo que vamos a ver.

Lado en el que se produce el anclado

Si te has perdido en el anterior epígrafe espera un poco, quizás ahora lo podamos arreglar.

Es el momento de tirar de internet y darse una sesión de estudio de vídeos. Fíjate en cómo los distintos lances spey no anclan al mismo lado con respecto a la marcha del río; es decir, que hay lances que anclan aguas arriba y otros que lo hacen aguas abajo de nuestra posición.

Spey simple y snap T siempre anclan aguas arriba de nosotros. Spey doble y snakeroll siempre anclan aguas abajo de nosotros. Y esto es independiente de la orilla en la que nos encontremos: por poner un ejemplo, un spey simple lo anclamos aguas arriba tanto si nos encontramos en la orilla izquierda como en la derecha.

Y ahora es cuando se desvela el misterio de la relación orilla/mano dominante/tipo de lance. Si somos diestros y estamos en la orilla izquierda orográfica un spey simple -que anclamos aguas arriba- coincide con nuestro lado derecho que es el de nuestra mano dominante. Una situación excelente que nos permite emplear uno de los lances de rápida ejecución y máxima limpieza, y lanzando de derecho.

Pero supongamos que en vez de encontrarnos en la orilla izquierda estamos pescando desde la orilla derecha. Si queremos emplear el mismo spey simple -que, recordemos, ancla aguas arriba- el anclado se producirá en nuestro lado izquierdo, forzándonos a lanzar de revés o a cambiar de manos en la empuñadura: mano izquierda arriba en vez de mano derecha. Los que no somos ambidextros no nos encontramos tan a gusto.

Esta situación, si no somos hábiles cambiando manos o lanzando de revés, nos obligará a emplear un lance que ancle aguas abajo; podría ser el snakeroll y tan contentos, porque es igual de limpio y eficiente que el spey simple.

Pero todavía nos queda una última variable.

Dirección del viento

En lo que al viento se refiere basta tomar en consideración un aspecto: o sopla en dirección aguas arriba o lo hace en dirección aguas abajo.

¿Qué influencia tiene el viento en la elección de nuestros lances? Pues aquella que proviene de guardar una mínima seguridad. Si estamos pescando en cualquiera de las dos orillas y se levanta un fuerte viento que sopla desde el lado en el que hemos colocado el ancla, corremos serio riesgo de golpearnos o clavarnos la mosca porque el viento va a empujar todos los trastos contra nosotros. Por tanto, cuando sople viento escogeremos lances que anclen en el lado opuesto a aquél de donde viene ese viento; es decir, anclaremos siempre a sotavento.

Esto en la práctica plantea complicaciones. Por ejemplo: soy diestro; estoy en la orilla izquierda; presento la mosca usando el spey simple. De pronto se levanta un viento fuerte en dirección aguas abajo. No tengo más remedio que emplear un lance que ancle en mi lado de aguas abajo; el problema es que esto me obligará bien a cambiar de manos -izquierda arriba de la empuñadura de una caña de dos manos- o -menos eficiente aunque más fácil al principio- lanzar de revés. es decir, me obliga a emplear mi “mano tonta”, y generalmente no somos igual de hábiles con una mano que con la otra. Ante esto no hay más solución que entrenar; como con todo, por otra parte.

Y esto es todo. Me había propuesto hacer un par de tablas para que estas clasificaciones fueran más visuales, pero para eso WordPress exige tener un master en informática. Los pocos que estéis realmente interesados en esto os lo podéis tomar como unos deberes. Cogéis papel y boli y a por ello.

Don’t Drag, my Fly, Drift Free!

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Piling the cast for the nymph to drift deep and naturally

Anyone marginally interested in the casting world tends to regard fly casting and distance casting as synonyms. It is the same in fly fishing shows: anglers trying bunches of new rod models with their eyes fixed in the far end of the casting pond; it doesn’t make any difference if they are holding a 9’#9 devised for bonefish in the flats or a 8’6″#4 destined to spring creek finesse. I can’t blame them, in the end most of the visual material available on the net is about putting a fluff as far as possible.

What I did never get is why devoted casters and instructors (specially if they are river trout anglers) promote that very same connection.
I can’t think of a more harmful approach for the development of fly casting, at least in Spain. The river “trouter” doesn’t see distance casting as a problem solver for everyday issues presenting a fly, and though I agree that being proficient at long distances makes controlling the line at medium range much easier, that is a relationship that isn’t at all evident to fly fishers.

As you may suppose by now I am not a distance caster; take it as a mild way of saying that I am crap at putting a fly really far away. In my view two fundamental elements pave the way to becoming a distance expert: a single family house and a big garden outside; I lack both of them. The possibility of keeping a rigged rod behind the door at all times helps a lot. Practice makes perfect and for getting your fly thirty plus meters away you need a lot of it!
I have my training lawn at 35 minutes from home, which means more than an hour just to get there and back; add some substantial time for the actual practice and the result is that my opportunities for training aren’t many. But even having a practice field close to my house I doubt I’d be much better in the distance game. No that I wouldn’t be very happy reaching astronomical distances, but spare time is limited and I prefer to spend it improving drag-free drift techniques, which, when looking for real proficiency, are as time consuming as distance itself but much more in tune with the kind of fishing I practice the most.

Have I missed being a good distance caster when fishing? Of course I have! Baltic pike and Patagonia sea-run brown trout come to mind. But I have lost count of how many times I have missed the ability of getting a perfect drift of my fly in the maze of micro-currents of my favorite fishing venues.

Around a year ago I was mentoring a candidate for the IFFF CCI title. After months of in-depth looking at the theoretical test it came the day to check for weaknesses in the practical part. The first tasks on loop control were good. Then I asked for the Reach Cast (or a Reach Mend by the current IFFF standards). He barely moved the rod tip sideways as without any purpose, resulting in a very poor line configuration on the ground, try after try.

You have to make each cast with authority not only for the examiners to see but when fishing as well” I said.

Then an idea started turning around inside my head.

Do you know what the practical uses for the Reach are? I asked.

Practical uses? I thought it was an exercise, something for the examiner to check if you have a good control of the line!” He replied.

Amazing! I can’t think of a single day on the river not sending dozens of Reachs out there, and there I was with a would-be casting instructor who didn’t have a clue about one of the most practical fishing casts available!
Of course he was very good at sending the fly thirty plus meters away.

In my opinion this shows that we, casting instructors, are approaching things in a wrong way. For instance, the invention of “trick casts” intended just for showing off doesn’t exactly help in reconciling -in the eyes of the fishing community- casting with fishing as the two sides of the same coin they actually are.

So here we go with some dry fly downstream drag-free presentations by master angler Zeljko Prpic.

Early? Late? Just the Opposite?

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The dreams of dry fly fishers are populated with big trout confidently sipping our flies from the surface. In my particular case I prefer to dream of a big brown eventually taking some of my tiny emergers, but only after a period of pure disdain interspersed with a number of refusals. There is no pleasure in too easy things. That is why a great fishing day can’t be measured in numbers, or at least not only in them.

On the other hand too difficult goals often lead to frustration.  There are days when you don’t know whether you are striking too early, too late or they just seem to take the fly… but actually aren’t. It is a mistery, at least to me.

The scene depicted below resulted in the urge of having a couple of cold beers to properly shooth my soul. 😀