Las mil caras del río


Be water, my friend

Heráclito observó que nadie puede bañarse dos veces en el mismo río. Los pescadores lo sabemos: la misma presentación de la mosca hoy no resulta en la misma deriva que hace dos días. Pero no hay queja: el reto es parte fundamental del hechizo.

Del mismo modo, nuestra percepción del agua puede ser tan cambiante como el agua misma. Basta pegar la nariz a la superficie para atisbar un mundo completamente nuevo.
Así lo hice con la foto que ilustra estas líneas; bueno, en vez de la nariz arrimé un teleobjetivo macro a una corriente que fluía sobre la vegetación subacuática.

“¿Es real?”, me pregunta alguien.

Pues sí, lo es. Tan real como puede serlo la fotografía en general, y más real que algunas fotografías de pesca en las que la “realidad” suele traducirse en peces “enormes”… ¡sujetos por dedos como morcillas! Porque la fotografía no es reflejo de la realidad, sino una mera representación; a veces más fiel, a veces menos.

Pero eso resulta irrelevante: más que lo real lo que yo buscaba era lo bello y fue una sorpresa descubrir una bella realidad, evidente y oculta a la vez.



Recuerdos



Ahí está, en la orilla somera de un pozón enorme, aparentemente a la espera de algo para el almuerzo. Es mi primera oportunidad de la jornada. Ayer por la tarde, no muy lejos de aquí, no le hacían ascos a esas gordas imitaciones de chicharra, así que he entrado al río con un monstruito de foam empatado a un terminal 4X. Con estos peces pocas bromas.

El viento azota, pero después de tantos días eso ya no es una novedad.

—¿La ha mirado?—Me pregunta Varo.

—¡Qué va! ¡Ni puto caso!

No hará ni quince minutos que él ha cogido una buena con un escarabajo de foam, más discretrito de tamaño, pero que con su indicador blanco se ve muy bien. Probemos.

Varios tiros bien presentados con el coleóptero de pega, incluso el que ha hecho pasar la mosca justo por encima de su cabeza, son recibidos con idéntico desdén.

Me decido por una ninfa, pequeña (un #18) pero con dos bolas de tungsteno. El jodido viento manda mi imitación a unos tres metros a la izquierda de lo previsto. ¡Vaya pifia!
A mi mente afloran dos pensamientos casi simultáneos: el primero, volver a presentar en cuanto pueda levantar la ninfa sin que la trucha recele. El segundo, preocupación por la inmediata reacción del pez a la caída de la mosca, pues se ha girado hacia el centro del pozo y comienza a moverse con decisión. Al siguiente instante comprendo que no se dirige hacia el agua profunda, como haría un pez asustado, sino que marcha, resuelto, con un rumbo que, ¡sorpresa!, más parece que —aunque no puedo ver la ninfa, solo intuir vagamente su posición— va a cortar su línea de deriva en algún punto de su recorrido.
Mientras todo esto pasa por mi cabeza, la trucha ha ido descendiendo el río metro a metro, hasta que tras haber recorrido unos diez desde su posición inicial veo un pequeño destello blanco en su boca a la vez que sus aletas pectorales se abren. ¡No me lo puedo creer! Levanto la caña, el agua explota; soy feliz.

La juventud y la inexperiencia nos hacen creer que la felicidad se compone de grandes capturas. Luego el tiempo pasa, y descubrimos, con asombro, que los peces que se han fijado en nuestra memoria no son necesariamente los más grandes ni los más bonitos; que lo que hace memorable una captura es la experiencia en su conjunto, y, como en un mosaico, ¿quién podría decir qué tesela es más importante que otra?


Green River. Utah. Otoño 2000


¡Sí, la única opción en otoño son las moscas diminutas!

Sol amable, calentando lo justo… una tarde de otoño ideal para estar en el río. La tormenta de nieve que tuvimos que sufrir ayer durante los 400 kilómetros que separan Dutch John (Utah) de Jackson Hole (Wyoming), ahora parece un sueño; una pesadilla más bien.
Con la caña bajo el brazo cambio de mosca: de una diminuta Parachute Adams #26 a una hormiguita también parachute, o al revés; quién sabe. Solo han pasado unas horas desde que empaté por primera vez en mi vida una mosca microscópica, y ya me parece lo más natural del mundo. Ayer por la tarde, al llegar, lo primero fue acercarse a recabar información a la tienda de pesca local:

—¿Qué moscas nos recomiendas?

Parachute Adams #26.

Nos sonreímos por dentro y decidimos dejar allí a aquel hombre y su chaladura. ¡Error! Tras una mañana probando de todo lo que había en nuestras cajas, hay que rendirse a la evidencia: ¡nos hacen falta las putas Parachute Adams #26! Cuando nos explican que ese patrón se les ha agotado y no saben cuándo recibirán una nueva partida, nos quedamos de piedra. Gracias a que hay otra tienda cercana y… ¡Buf!… ¡Qué alivio!

Las truchas muestran cierta actividad pero no hay manera o, para ser sincero, yo no la encuentro. Cambio de mosca por enésima vez, ya sin mucho convencimiento, y tras unos cuantos lances igual de infructuosos me siento en la orilla. Esperaremos al sereno. Un pajarito diminuto aprovecha mi caña como percha para pararse a echarme un vistazo. Llevo un rato largo sin pinchar un pez y, sin embargo, me siento como un privilegiado.

Un río truchero en medio del desierto; abundancia de truchas comunes de un tamaño medio muy serio; tomadas en superficie como un submarino emergiendo, una cabezota que asoma lentamente hasta mostrarse casi por completo, y una bocaza que engulle un patrón que hace tan solo veinticuatro horas me habría parecido impensable. Sí, definitivamente volveré algún día; sin duda.


Una belleza del Green

Flat Creek. Wyoming. Otoño 2000


Fresquito


Nos levantamos temprano; hay muchas esperanzas puestas en nuestro segundo día de estancia en la cuenca del Snake. Pero al asomarnos a la ventana del motel nos quedamos helados, y en el más amplio sentido de la palabra: por la noche ha caído una nevada de mil pares, sigue nevando, y el viento termina de rematar lo que presagia ser una jornada perdida. ¡Y pensar que el día anterior habíamos estado pescando en mangas de camisa…! En fin, así es el otoño en el Oeste.

De las muchas opciones de pesca en los alrededores del Parque Nacional Grand Teton una de las más cómodas por su cercanía a Jackson Hole —el centro neurálgico de la zona— es un hermoso riachuelo llamado Flat Creek; así que, dadas las condiciones, decidimos no aventurarnos mucho y quedarnos en este río del que hemos oído tantos elogios. Pero primero, visita a una de las tiendas de pesca locales para hacerme con un par de mitones y un vadeador de neopreno de segunda mano; cuestión de supervivencia. Hay suerte y encuentro lo que busco.

Puede decirse que Flat Creek, por su carácter y aspecto, es lo opuesto al gran Snake River: pequeño, su cauce recorre una extensa planicie herbosa y desarbolada entre montañas que los elk escogen como refugio de invierno, cuando estar en las alturas se hace demasiado duro. Tapizado de gravilla fina, fluye por innumerables meandros y socava las orillas herbáceas de tierra esponjosa, pantanosa en ocasiones, y se anima a intervalos regulares con corrientitas de profundidad media que dan paso a pozos profundos y oscuros. Podría decir que es la imagen de un chalkstream inglés, si es que conociera alguno.

Todas las informaciones coinciden: abundancia de Cutthroat nativa, resabiada por la fuerte presión de pesca, y que merece la pena prospectar a mosca seca. A decir del dueño de la tienda de pesca donde nos abastecemos “es un buen sitio para irse bolo”.

Nos resistimos a hacer como los pocos pescadores que nos encontramos, y dejamos los streamers en la caja. Si es un río de seca es un río de seca, ¿no?

La nevada arrecia, y el frío aliado con el viento —nuestro inseparable compañero en el Oeste— es insoportable. Como resultado de esta intempestivo adelanto del invierno, la clave no está en las imitaciones de grandes saltamontes que tan vívidamente habíamos visto en nuestros sueños, sino en diminutos patrones de midge, que, junto con un puñado de locos pescadores, parecen ser los únicos seres vivos que se atreven a salir con semejante tiempo. Así que, dadas las circunstancias, volverse con un par de preciosas “gargantas cortadas” cada uno, a seca y a pez visto, nos sabe a gloria.

P.D. Dos años después volví a Jackson Hole de turismo. Con sofisticados métodos de persuasión conseguí el pertinente permiso de mi mujer para echar un par de horas en Flat Creek. Ese día era la antítesis de lo que había vivido en mi primera visita: cielo azul, sol que empieza a calentar desde temprano… y nubes de saltamontes que, a medida que se van templando se desparraman en abanicos a cada paso que doy entre las altas hierbas. La voy a liar parda, pienso. ¡Ja!
Pero cuando compruebo que hasta los bandos de whitefish —un pez que, para entendernos, tiene cierto parecido con las bogas, aunque de mayor tamaño— se abren para dejar un pasillo de honor a mi triste patrón de saltamontes en pelo de ciervo, y una vez la mosca rebasa su posición vuelven a juntarse… empiezo a comprender que el día del bolo en Flat Creek es, curiosamente, hoy.
Cuando, finalmente, observo cómo un whitefish se acerca desganadamente a un saltamontes natural en apuros, pone el morro junto a él, lo mira patalear desesperado, lo remira… y se da la vuelta desdeñoso, decido que es hora de recoger los bártulos.
¡Ayy, la pesca! ¿Quién la puede entender?

Wild West: Snake River. Otoño 2000


Haciendo limpieza de viejos archivos me he encontrado recientemente con unos someros apuntes —olvidados hace tiempo— que tomé hace ya veinte años durante un viaje a Estados Unidos. Como no pintan nada en un disco duro irán apareciendo por aquí, acompañados de unas diapositivas de aquel tiempo.


Teton range. Wyoming

Desde la zona de aparcamiento de Schwabacher, la vista de la cordillera de los Teton es espectacular. Aparte del paisaje, lo que primero llama la atención es que las papeleras son a prueba de osos. El cartel que indica que estás en bear country te recuerda la obligación obvia de no abandonar basura, pero tampoco nada comestible que pudiera atraerlos. Hay que tener en cuenta que para un oso, la categoría de comestible engloba cosas tan peregrinas como desodorantes en espray, grasa o aceite mineral… incluso bolsas de plástico que no contengan más que el aroma de algo remotamente sabroso. Se diría que la atracción por la “comida basura” afecta a todo ser vivo en USA; en el caso de los grizzly esta comida fácil les trae problemas, y no solo dietéticos: en los encuentros entre humanos y osos a la postre siempre pierden estos últimos.

Cruzamos un pequeño canal con alguna presa de castores y atravesamos a ojo el bosque, frondoso pero limpio, que por fuerza ha de terminar en el cauce principal. Abundan los troncos caídos, más bien tumbados —son inconfundibles las trazas de los dientes de los castores—, que nos obligan a saltarlos para seguir nuestro camino. Pienso en la impotencia de estos grandes pinos ante cualquiera armado de hacha o motosierra, o ante una familia de castores con un nuevo proyecto de presa para construir. Si alguno de estos grandes ejemplares derribados pudiera gritar sería espeluznante, pero, en su discreción, ni siquiera profieren una queja por las heridas que darán con ellos en tierra.
Aparte de osos, el parque nacional Grand Teton también cuenta con algunos bisontes y muchos alces. Mucho cuidado con estos últimos —guardo un buen susto para no olvidar.


El Snake es enorme. Intimida. No sólo no es vadeable en ningún punto, sino que en muchos lugares no puede uno ni mojar las botas. Siendo un río regulado por embalse su caudal es variable; en esta ocasión de principios de otoño de 48 metros cúbicos por segundo, pudiendo llegar a alcanzar los 418 en junio; todo en función de las necesidades de riego que gobiernan el funcionamiento de la presa.
Los troncos caídos sobre el cauce, las solapas de las orillas socavadas, las playas de canto rodado… crean zonas de agua más mansa en este mar que corre apresurado hacia el sur. En estos lugares buscaremos las truchas —las salvajes “gargantas cortadas” de la subespecie específica de este río—, generalmente con moscas secas atractoras de un tamaño y aspecto que aquí nos asombraría —los nombres School Bus o Turck’s Tarantula ya sugieren algo, ¿no?.
La ausencia de actividad visible nos obliga a pescar al agua, trabajando las orillas con nuestros lances. Debido a lo peligroso del río, se recomienda a quien pesca vadeando no meterse más allá de la rodilla; puedo corroborar por experiencia propia que es mejor seguir el consejo a rajatabla —otro susto gordo inolvidable.

Snake River. Wyoming


Como en otros de los grandes ríos del Oeste resulta más indicado la pesca desde drift-boat, embarcación de remo y fondo plano específicamente diseñada para bajar derivando sin problemas hasta por los rápidos más turbulentos. Es un método que permite cubrir gran cantidad de agua, pescando mientras el remero maniobra para conseguir una deriva lenta de la embarcación, y que también permite alcanzar zonas imposibles para quien vadea, donde se puede anclar y concentrarse en la pesca a pie. La oferta es amplia: desde alquiler de embarcaciones —no es la mejor opción en el Snake pues es un río peligroso también para quien no domine la técnica de la deriva— hasta contratar un guía. Si volviera a pescar este río la opción que escogería sería esta última. Sin embargo, las frecuentes oscilaciones de caudal a lo largo de la temporada crean gran número de canales laterales que pueden interpretarse como ríos en sí mismos y en los que es posible encontrar truchas comiendo en superficie a las que habrá que presentar imitaciones más en la línea de lo que estamos acostumbrados. La abundancia de truchas es evidente, y al decir de todas las informaciones la Cutthroat es una de las especies de trucha más condescendiente con aquellos pescadores carentes de una técnica depurada.

Las chicas son guerreras

Al agua con un tandem


Doblete. Foto: Alvaro G. Santillán

El inicio de una jornada fructífera.

Por la mañana temprano no había ninguna actividad en superficie, así que nos decantamos por empezar a peinar el agua con un tandem a la espera de una eventual caída de yellow grub.

El objetivo de una buena técnica de lanzado es la eficiencia en situación de pesca.
Si, como en este caso, el viento se empeña en ponérnoslo difícil, toca afilar los bucles y traccionar con energía.

Cubrir terreno pescando al agua requiere minimizar el tiempo en que la mosca está en el aire: una variante del lance oval permite cualquier cambio de dirección sin necesidad de lances falsos (en este caso solo uno, suficiente para eliminar la humedad de la mosca seca). La ventaja añadida de esta técnica es que protege la caña de roturas, pues hace que la ninfa adopte una trayectoria ligeramente ascendente durante el lance delantero, pasando bien por encima de nuestra puntera.

Muchas veces unos pequeños ajustes marcan la diferencia. Solo hay que conocerlos.


Como el Pirineo… pero al revés



Antípoda:
Lugar de la Tierra que está situado diametralmente opuesto al otro.

Entre el Pirineo y las montañas de Nueva Zelanda media un mundo. Sin embargo, el paisaje es muy similar: verde, roca descarnada en las alturas, valles boscosos, ríos de aguas rápidas… El contrapunto lo ponen la soledad y el comportamiento de las truchas. Uno se acostumbra enseguida a pescar solo. Hacerse a la idea de que los peces grandes se encuentren en los tramos más altos de los ríos de montaña, cuesta algo más.

Estoicismo frente al viento y las sandflies es el precio a pagar: con gusto en el caso del vendaval, que al fin y al cabo es quien pone las chicharras a disposición de las truchas; casi insufrible en el caso de las sandflies, que hacen que los mosquitos más feroces parezcan unos aficionados. Qué se le va a hacer… Nada es perfecto. 😎

Ochenta bananas


Pic by Alvaro G. Santillan

A pesar de su gran interés, la pesca a seca con patrones de insectos terrestres no es muy popular. Claro que quien más quien menos lleva unas hormigas en su caja, pero los terrestres en general se consideran demasiado habitualmente como un último recurso fruto de la desesperación, y no como una opción más.

Ése era también mi enfoque; pero, hace más de veinte años, un buen día me dijo un amigo:

—Ve a Infiesto; es Julio, el río baja seco y las truchas están imposibles, así que tienes todos los permisos para ti. La clave es pescar con escarabajo.
—¿Escarabajo? —pregunté extrañado.
—Sí, de foam negro. Trabaja debajo de los alisos, y que el escarabajo haga un buen “plop”.


La cosa me sonaba rara, pero mi amigo no es de los que habla por hablar. Desde entonces, mi visión sobre la pesca con imitaciones de insectos terrestres cambió  radicalmente.

Muchos años después, en Nueva Zelanda, he tenido la oportunidad de disfrutar de una pesca muy especial con patrones terrestres flotantes. Se trata de los willow grub, unas pequeñas orugas que viven en las hojas de los sauces y que el viento pone a disposición de las impacientes truchas que aguardan su caída.

Ésta es una de las ocasiones en las que utilizar la mosca correcta es absolutamente imprescindible: o llevas una simple tira fina de foam amarillo atada en un anzuelo del #18-20 o ve apuntándote a terapia contra la frustración.
Pero esa situación también nos muestra algo que solemos obviar: que imitación y presentación, lejos de ser enfoques contrapuestos, como nos han contado, son en realidad dos caras de la misma moneda. Imitar un Willow grub no es solo atar una tira de foam a un anzuelo, es hacer que esa pequeña mota amarilla se comporte como las orugas naturales, es decir, tiene que derivar completamente libre; si no, la imitación fallará estrepitosamente, pues no se pueden desligar aspecto físico y comportamiento. No es “imitación versus presentación”, pues “presentación” no es sino el toque final a una buena imitación.

El vídeo que sigue muestra una mañana de ésas. Tres cambios de mosca con el primer pez activo del día solo merecieron rechaces. Paré, y afloró el recuerdo de una situación similar un par de años atrás que me puso a buscar frenéticamente en la caja: ¡Buff! ¡Me queda una Banana Fly! 😎

Bistro!



Ninfa vista, tanto en corto como en largo; ninfa larga a la línea; tandem; seca a vista… todo complementado con instrucción en técnicas de presentación.
Y muchos peces con los que entretenerse: truchas y, sobre todo, tímalos de tamaño trofeo (hasta 50+ cm) a los que estar presentando tu mosca durante todo el día.
Si te llama la pesca fina y a pez visto no dejes pasar esta oportunidad de aprender cosas nuevas disfrutando de los ríos más emblemáticos de Bosnia.

Inscripción abierta para la temporada 2021.

https://onemorelastcast.net/bistro/

See You!



It was seven years ago that One More Last Cast was born. It has reached 188 posts, and putting all that in place has taken more hours than I can reckon.
There are still quite a few ideas going around my head —some of them in draft form—, as well as some video material for editing.
Unfortunately what I don’t have anymore is motivation.

Thanks a lot to those who have been following my follies.
Who knows, maybe I will resume this project in the future. Anyway, keep casting and fishing —that is, look for beauty wherever it is.

Take care,
Aitor