Imaginación



No es ninguna novedad que, en cualquier actividad, para adquirir una habilidad nueva —o para pulir aquellas que ya tenemos— el entrenamiento es fundamental; la disciplina de presentar una mosca a un pez no es diferente en ese sentido. Pero el mero ejercicio de agitar una caña adelante y atrás no puede considerarse entrenamiento en sí mismo; de nada sirve lanzar por lanzar sin analizar en cada lance lo que el bucle nos dice, porque si no somos conscientes de nuestros errores y los repetimos una y otra vez arraigarán, y así conseguiremos errores “perfectos”. En suma, que vale más un solo lance con criterio que mil al buen tuntún.

La clave de toda sesión de entrenamiento consiste en fijarse un objetivo, pero no un objetivo “estratégico” a largo plazo como “voy a por los 30 metros” o “tengo que meter la mosca en un vaso a 15 metros”, sino un enfoque que se centre en alguno de los pasos técnicos previos necesarios para alcanzar esa meta final, que no son pocos: trayectoria y velocidad de la línea, aplicación progresiva de la fuerza, alineación en los planos vertical y horizontal… Quien posea los necesarios “mimbres” tendrá una idea clara de cómo esos elementos están encajando (o no) en su técnica actual, simplemente porque se lo dice la configuración de su línea durante cada lance. Así, el criterio consiste en buscar estas tres características en nuestros bucles:

  • Estrechos o anchos a voluntad
  • De patas paralelas (tanto observadas lateralmente como a vista de pájaro)
  • Con el ramal de la mosca libre de ondas

Eso es todo. Una vez conseguido un mínimo de control del bucle ya podremos aplicarnos en la práctica de la presentación propiamente dicha. Porque no debemos perder de vista que el objetivo último es colocar una mosca correctamente, en el punto adecuado, en cualquier situación que pudiéramos toparnos.

Y nada como echar mano de la memoria —o la imaginación— para “reconstruir” un escenario de pesca concreto; uno que nos haya planteado problemas es ideal. Es el caso ilustrado por el siguiente vídeo.

Ponerse en situación:
Un pescador diestro está en la orilla izquierda orográfica, orilla arbolada hasta el mismo borde del río. El agua junto a esa orilla es mansa, mientras que hacia el centro la corriente es viva. Un pez come en la “costura” que liga ambas corrientes, colocado, lógicamente, en el lado del agua lenta.

Enfoque:
La primera exigencia es librar las ramas, de modo que habrá que emplear un revés. La eficacia de la presentación requiere una maniobra adicional que pose la línea en el agua blanda, pues si cayera en la zona más movida la mosca “rayaría” de inmediato. Y mientras soñamos vamos a trabajar revés y extensión en un mismo ejercicio de aplicación práctica.

En fin, que una de las principales claves del entrenamiento es hacerlo atractivo; divertirse mientras se aprende.

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